Todo quedó en la Soledad de la Madre, que ante la desesperación de ver a su hijo muerto, caía entre las cuentas de un rosario de marfil que encandilaba las miradas de una plaza que hervía de gentes. La pasión volvía a nuestro Torredelcampo penitente, aquel que despierta en primavera y se echa a la calle por cuantos quedaron atrás en el tiempo y por aquellos que han de venir. Un tiempo de promesas cumplidas y de sueños rotos, que unidos a las inclemencias de lluvia que afectaban a gran parte de nuestra provincia hacía aún mayor el hondo hueco que dejaba en nuestro corazón esta tan sentida y especial Semana Santa 2016, tan propia para el recuerdo de quienes perecieron en la pasada.
Domingo de Ramos
El Domingo de Ramos comenzaba como lo hiciera
hacía seis años ya con la dulce imagen que esculpiera el joven Antonio Parras. San Bartolomé, único templo y lugar de reunión cristiano de nuestro pueblo sacaba de su entraña la alegría de la venida del Señor a lomos de una pollinica que parecía sonreír ante el peso orgulloso del Hijo de Dios, que ante su gloriosa entrada en nuestra Jerusalén de olivos centenarios era alabado
con las más blancas palmas que pudieran sacar las entrañas de la tierra. No faltaron los representantes de todas y cada una de las distintas hermandades y grupos parroquiales así como las largas colas de fieles que participaban de tan glorioso cortejo. Y el olivo, fiel vigía de la tierra de plata jaenera hacía aún más emotivo el movimiento de sus jóvenes portadores, portadores de la gloria que volvían a manifestar su fe de la mejor de las maneras: demostrando a todo un pueblo cofrade
la valía de su juventud.